
WASHINGTON DC — El anuncio este martes de que Estados Unidos prohibirá las importaciones de petróleo ruso era esperado, después de días en que se barajó que Estados Unidos y la Unión Europea estudiaban la posibilidad de cerrar el chorro de petróleo y gas que compran a Rusia como otra medida para frenar la maquinaría bélica rusa que mantiene en asedio a Ucrania en una invasión que se encamina a su segunda semana.
El presidente Joe Biden sostuvo este martes -en conferencia de prensa en la Casa Blanca- que la medida se toma al estar claro que “no seremos parte de subsidiar la guerra de [Vladimir] Putin”, contra Ucrania.
Con ello el mandatario consuma la prohibición de llegada de barcos rusos con petróleo a los puertos estadounidenses, como parte de las medidas bipartidistas para debilitar el poder ruso. Aunque reconoció que esto tendrá costos en la economía y sacrificios, el mandatario cree que el país entero apoya las medidas tomadas.
El analista económico Isaac Cohen, ex responsable de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas, explicó que con la recuperación económica en la segunda etapa de la pandemia de COVID-19 ya se había comenzado a calentar la economía y producto de ello, los precios de petróleo iban en aumento, en parte por la demanda, pero al mismo tiempo, la inflación comenzó a subir a nivel mundial, con las cadenas de suministros actuando como un cortocircuito.
Con esas proyecciones, “la economía para esta año vaticinaba una contracción”. Ahora que se incluye el elemento de la invasión a Ucrania y estas sanciones de bloqueo al petróleo ruso, las previsiones cambian radicalmente porque se han activado todos los factores, dijo.
Y si se transfiere a un terreno tan vulnerable como América Latina, la situación corre a dos bandas en “los países que producen petróleo y los que no lo producen: para los que no lo producen -como los países de Centroamérica, algunos países del Caribe y para algunos sudamericanos- va ser muy duro el golpe porque esto significa que se va encarecer la factura petrolera y habrá que usar más divisas para pagar”, explica Cohen.
Y para los productores como Venezuela, Ecuador, Colombia, Trinidad y Tobago, entre otros, esos países se beneficiarán con la subida de los precios. “La situación es tal que Estados Unidos, que no tiene relaciones diplomáticas con Venezuela, ha enviado una misión a Venezuela para persuadirles a que aumenten la producción”, comenta el experto.
En este sentido, el senador republicano Rick Scott, en declaraciones a la Voz de América, se mostró muy crítico con el viaje de la delegación estadounidense a Caracas este pasado fin de semana para abordar, entre otros temas, la “seguridad energética”, según reconoció la Casa Blanca el lunes.
“Todos hemos visto las violaciones de Derechos Humanos y el daño que Maduro le ha causado a los venezolanos por muchos años. Tenemos que entender que el régimen de Maduro es una amenaza para la estabilidad de América Latina y la seguridad nacional de los Estados Unidos”, opinó Scott. “Maduro es un tirano genocida como Putin. No podemos cambiar la dependencia de un dictador asesino por otro”.
Fuego interno con petróleo en las manos
El presidente Biden dijo que se adoptó la decisión en consulta con los socios europeos que en este momento no están en condiciones de desconectarse del suministro de hidrocarburos ruso, ya que para algunos países como Alemania y Francia representa hasta el 60% de dependencia de gas licuado y otros combustibles.
Para Biden la medida es parte de una “estrategia a largo plazo” para reducir la dependencia energética rusa y de paso restarle márgenes de maniobra al Kremlin.
No obstante, desde el ala del opositor Partido Republicano cuestionan los movimientos de la administración demócrata para encontrar cortapisas a la situación.
De Tomás Guevara


