La corrupción en RD

El fenómeno de la corrupción en sus diferentes vertientes, tiene aliados en los distintos sectores, clases y capas de la sociedad y más en la nuestra que está agrietada por todas partes. Así como aquellos que están ligados con el narcotráfico tiene a su servicio abogados, poetas, artistas, escritores, ingenieros, aviones, barcos, políticos…, los que se roban los dineros del erario también disponen de grupos sociales defensores.

Los que, en una u otra forma, llegan al poder político y se roban los dineros del erario, en forma hábil e inteligente hacen reparticiones selectivas con la finalidad de que mañana, cuando estén fuera del gobierno y sean señalados como ladrones, puedan contar con “padrinos”, sea en los medios de comunicación, en los grupos y asociaciones privadas, y hasta en los tribunales.

En nuestro país, donde se ha convertido en algo normal robar, algunos se molestan si se denuncia a los corrompidos. Muchas veces hemos estado en lugares públicos y, sin pretender herir a nadie, tratamos de analizar la miseria, la pobreza y la opresión social en que vive la mayoría del pueblo dominicano, mientras que un grupito que se ha enriquecido desde el poder, lleva una vida alegre, disfrutando de todas las comodidades sin haber hecho ningún esfuerzo intelectual o material para hacer fortuna.

La realidad está ahí y quererla cubrir con una hoja de lechuga es pura vagabundería. Aquí hombres y mujeres han manejado dinero del pueblo y han salido de sus cargos con las manos limpias y nadie puede lanzar en su contra una acusación de malversación de fondos. A ellos se les respeta, admira y distingue. Pero no se puede medir con la misma vara, dispensarle la misma consideración al honrado y al ladrón; cada uno debe recibir apoyo o sanción.

Lamentablemente en nuestro país ante tanta confusión y corrupción, están sentados en la misma mesa los mansos y cimarrones, los que fueron al Palacio Nacional a dar demostración de que se puede gobernar, manejar dinero del erario y salir como honrados, y los que han hecho gárgara con los “cuartos” del pueblo y se han comportado como rateros, pillos, delincuentes de saco y corbata.

La realidad que pinta nuestro país hoy es que la niñez dominicana se va levantando con la idea de que resulta lo mismo mantener una conducta intachable, como ciudadano decente, honrado, ilustre y virtuoso, que haciendo todas cosas feas que repugnan a la conciencia.

Algunos abuelos, en el futuro, van a tener que hacer un gran esfuerzo para convencer a sus nietos de que cuando desempeñaron determinada función pública salieron del cargo con las manos limpias. Los corrupción oficial ha hecho millonarios a muchos y a otros les ha renovado su patrimonio casi finiquitado.

En distintas oportunidades hemos dicho que lo que procede es una transformación social y política que cambie la base sobre la cual descansa el orden social actual.
Desde el momento que en una sociedad humana entra en estado de descomposición, los integrantes de la misma, en su generalidad, están bajo la influencia de vicios y taras sociales que reflejan inconductas que son aceptadas como normales.

Para saber la forma como se va agrietando un ordenamiento social siempre hay que tomar como punto de referencia la familia; el caso de nuestro país es un vivo ejemplo.
No hay que hacer mucho esfuerzo para darse cuenta de que hace tiempo estamos viviendo una de las etapas más negativas en lo que se refiere a delincuencia, criminalidad y el fenómeno de la corrupción en todas sus vertientes; los casos que a diario ocurren aquí así lo demuestran. ?

De: Priamo F. Compres

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