
Con septiembre, llegan también los buenos propósitos. Uno de los más recurrentes es dejar atrás la vida sedentaria y movernos. Y, más importante aún, que esos buenos deseos duren más de una semana, si posible. En otras palabras, lo más difícil es ser constante.
Conseguir una rutina es más fácil de lo que creemos, gracias a dos trucos: fijar unos objetivos y abordarlos de inmediato. Es el principal resultado de un nuevo estudio de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), publicado en JAMA Cardiology.
Establecer objetivos
Los resultados de esta investigación son especialmente importantes porque se encontraron entre una población desatendida que tiene un riesgo particularmente alto de tener o desarrollar afecciones cardíacas.
“La mayoría de los programas de cambio de comportamiento implican el establecimiento de objetivos, pero se desconoce la mejor manera de diseñar ese proceso”, señala el profesor y autor principal del estudio, Mitesh Patel.
El ensayo clínico pone remedio a esta cuestión. Demostró que la actividad física aumentó más cuando los pacientes eligieron sus objetivos, en lugar de asignárselos, y cuando los objetivos comenzaron de inmediato en lugar de comenzar más bajos y aumentar gradualmente con el tiempo.
Tener una meta
En el estudio, participaron medio millar de pacientes de vecindarios de bajos ingresos, principalmente en el oeste de Filadelfia, pero también en otros lugares dentro y fuera de la ciudad. Los participantes tenían una enfermedad cardiovascular o se evaluó que tenían un riesgo cercano al 10% de desarrollar una en una década, por lo que se beneficiarían enormemente del aumento de la actividad física.

En este proceso se tuvo en cuenta la gamificación, un concepto utilizado para crear un cambio de comportamiento convirtiéndolo en un juego. A cada uno de los participantes se le entregó un rastreador de pasos portátil que registraba sus recuentos de pasos diarios a través de la plataforma Penn’s Way to Health. Después, los participantes fueron asignados aleatoriamente al grupo de control, que no tenía metas de pasos o juegos adjuntos, o a uno de los grupos de juegos con metas.
Precisamente esto es lo que distingue a este estudio, que los principales resultados de la investigación fueron menos sobre la participación en los juegos en sí y más sobre cómo se establecían los objetivos, así como cuándo se animaba a los participantes a perseguirlos.
Elegir nuestros objetivos
Los investigadores observaron que el único grupo de participantes que lograron aumentos significativos en la actividad fueron aquellos que eligieron sus propios objetivos y comenzaron de inmediato. Tuvieron el aumento promedio más alto en sus pasos en comparación con el grupo sin metas, aproximadamente 1384 pasos por día.
“Las personas que eligen sus propias metas tienen más probabilidades de estar intrínsecamente motivadas para cumplirlas. Sienten que el objetivo es suyo y esto probablemente les permita un mayor compromiso”, señala otro de los científicos.
Es más, los participantes mantuvieron sus rastreadores de actividad en las ocho semanas posteriores a la intervención, el grupo que eligió sus objetivos y comenzó inmediatamente mantuvo su progreso. Es decir, consiguieron mantener su propósito y transformar el ejercicio físico en rutina.


