Francia se prepara para un sábado 31 de octubre de máxima tensión. En vísperas del tercer acto de las movilizaciones surgidas en rechazo al elevado costo de vida, el Gobierno refuerza las medidas de seguridad ante el temor de nuevos disturbios, saqueos y enfrentamientos en las principales ciudades del país.
Las señales de alerta ya son visibles. En las comisarías se suspendieron las vacaciones y los días libres de los agentes, mientras que numerosos comercios comenzaron a proteger sus escaparates con paneles de madera. En las redes sociales, las convocatorias a nuevas manifestaciones circulan bajo imágenes y máscaras de calabazas, aprovechando la celebración de Halloween. A pocas horas de la jornada de protestas, el país parece prepararse para una noche de incertidumbre.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció el jueves el despliegue de 70.000 policías y gendarmes en todo el territorio, la misma cantidad de efectivos movilizados durante el sábado anterior. También confirmó la suspensión de vacaciones y descansos del personal de seguridad para garantizar la máxima presencia policial. Desde el Ministerio del Interior advierten que existe un riesgo muy elevado de alteraciones del orden público, especialmente durante la noche. Nuñez aseguró que las autoridades responderán con «extrema firmeza» ante cualquier episodio de violencia.
El recuerdo de las dos jornadas anteriores explica la preocupación oficial. El 17 de octubre, en una jornada que el propio ministro calificó como un «fracaso estrepitoso», París registró 855 detenciones y varios saqueos en el centro de la ciudad. Una semana después, el 24 de octubre, Nuñez consideró que la situación había estado «controlada», debido a la ausencia de incidentes graves.
Sin embargo, las cifras acumuladas durante ambas jornadas reflejan la magnitud de los enfrentamientos: 267 policías y gendarmes heridos, 150 manifestantes lesionados —tres de ellos de gravedad— y 1.435 personas detenidas. Entre estas últimas, más de un centenar fueron arrestadas por posesión de armas.
También existen diferencias importantes en el cálculo de la participación. Mientras el Ministerio del Interior contabilizó 410.000 manifestantes en todo el país, de los cuales 110.000 se concentraron en París, la Confederación General del Trabajo (CGT) estimó una asistencia cercana a las 800.000 personas, con 250.000 participantes en la capital.
Halloween aumenta la preocupación de las autoridades
La coincidencia con Halloween añade un nuevo elemento de incertidumbre. En un comunicado enviado a los prefectos, el ministro del Interior advirtió que los servicios de seguridad detectaron numerosas convocatorias en redes sociales para realizar concentraciones en centros urbanos y plazas públicas bajo el pretexto de las celebraciones.
Según Nuñez, «desde el comienzo de la noche hasta altas horas de la madrugada, el riesgo de disturbios urbanos es muy elevado».
Las autoridades locales deberán prestar especial atención a las concentraciones previstas a partir de las 20.00 y mantenerse alertas ante posibles manifestaciones espontáneas, que podrían realizarse sin autorización. Algunas de las convocatorias detectadas fueron calificadas por el Gobierno como violentas y de carácter insurreccional. El ministro adelantó que los prefectos tendrán instrucciones de prohibirlas y dispersar cualquier concentración que incumpla las disposiciones.
La estrategia policial estará centrada en la prevención. Entre las medidas recomendadas figuran controles en estaciones ferroviarias y principales vías de transporte para detectar la presencia de pasamontañas, máscaras, fuegos artificiales y morteros pirotécnicos.
El Gobierno también recordó que la celebración de Halloween no constituye una justificación legal para ocultar el rostro en determinadas circunstancias. A esto se suma que Francia mantiene un nivel de amenaza terrorista considerado muy elevado, especialmente en las inmediaciones de lugares de culto.
La disputa por el recorrido de las manifestaciones
En París, uno de los principales focos de conflicto es el recorrido de las movilizaciones. La prefectura propuso un itinerario por el sector este de la capital, desde la puerta de Charenton hasta la puerta de Bagnolet, siguiendo el trazado de la línea del tranvía.
Las autoridades rechazaron tanto el recorrido Bastilla-Nación, presentado por la CGT, como la alternativa Bastilla-Concordia, propuesta por los chalecos amarillos. Esta última atravesaba zonas de gran actividad comercial y turística, como la plaza de la República, los Grandes Bulevares y la Ópera.
Además, el Gobierno pretende volver a restringir el acceso de los manifestantes a los Campos Elíseos. Las concentraciones no declaradas ya están prohibidas hasta el lunes en los alrededores del palacio del Elíseo, la Asamblea Nacional y la emblemática avenida. Sin embargo, hasta el jueves todavía no se había publicado la disposición oficial que establece el recorrido definitivo.
La orientación responde a una directriz impulsada desde el propio Gobierno. El lunes, durante una visita a Marsella, el presidente Emmanuel Macron sostuvo que las manifestaciones deberían desarrollarse fuera de los centros urbanos para evitar daños a los comercios.
La misma política se aplica en otras ciudades. En Tours, en el centro del país, se extendió la prohibición de manifestarse en tres grandes perímetros. La prefectura justificó la medida recordando que durante los dos primeros sábados se registraron 44 detenciones, 22 agentes heridos y numerosos establecimientos vandalizados o saqueados.
En París también se establecieron restricciones nocturnas en los alrededores de la plaza de la República y del barrio de Les Halles, además del cierre temporal de estaciones de metro. Durante la jornada del 24 de octubre fueron clausuradas más de 30 estaciones, una medida que podría repetirse este sábado.
Los chalecos amarillos denuncian restricciones a las libertades públicas
Los organizadores del denominado «tercer acto» de los chalecos amarillos buscan centrar la movilización en la defensa de las libertades públicas. Denuncian lo que consideran una «deriva autoritaria» del Gobierno y resumen sus reclamos con una consigna: manifestarse para conservar el derecho a manifestarse.
Entre sus principales demandas figuran el levantamiento de los toques de queda, una amnistía para los manifestantes detenidos y la apertura de investigaciones sobre los episodios de violencia atribuidos a las fuerzas de seguridad.
El calendario de protestas contempla una «cacerolada» frente a la Asamblea Nacional este viernes, entre las 18.00 y las 21.00, seguida de sentadas previstas para el sábado a partir de las 14.00.
El abogado del colectivo, David Libeskind, anunció que presentará una denuncia o un recurso de urgencia ante la justicia administrativa si las autoridades rechazan el recorrido declarado. Los organizadores, por su parte, insisten en su intención de llevar las protestas «al corazón de los centros de poder».
Los sindicatos también expresaron su rechazo a las restricciones. La coalición sindical de la región de Isla de Francia denunció una «prohibición general de manifestar en el centro de la ciudad». La CGT parisina ya había advertido que el recorrido alternativo propuesto el 24 de octubre era «imposible de asegurar».
A la movilización también fueron invitados estudiantes de secundaria, que permanecerán de vacaciones hasta el 2 de noviembre. La convocatoria se produce pese al anuncio del Gobierno sobre el futuro reemplazo de Parcoursup, la plataforma de asignación de plazas universitarias que constituye uno de los principales motivos de protesta.
Mientras tanto, los distintos sectores del movimiento tienen puesta la mirada en la huelga general convocada para el jueves 5 de noviembre.
Los comerciantes vuelven a proteger sus establecimientos
Para los comerciantes, la preparación ante una nueva jornada de protestas se convirtió prácticamente en una rutina. Muchos establecimientos comienzan a blindar sus escaparates desde el día anterior, incluso cuando las manifestaciones no están previstas en sus inmediaciones.
En Toulouse, donde el recorrido de la marcha del 24 de octubre se mantuvo alejado del centro, no se registraron daños. Sin embargo, buena parte de la zona comercial permaneció desierta y numerosos negocios mantuvieron sus vidrieras cubiertas con tablones de madera.
En Rennes, donde las manifestaciones estaban prohibidas, el propietario de un pequeño supermercado saqueado durante la jornada del 17 de octubre decidió cerrar nuevamente a partir de las 14.00. La ausencia de incidentes le permitió terminar el día con alivio. En los paneles de madera colocados en su establecimiento, un grafiti dirigía las acusaciones de saqueo hacia quienes protagonizaron los actos vandálicos.
Sin embargo, el principal temor del sector comercial no se limita a los daños materiales. Los comerciantes advierten que el impacto económico de estas movilizaciones también se traduce en una fuerte caída de las ventas. El cierre preventivo de los negocios y la escasa circulación de clientes pueden provocar pérdidas incluso cuando no se producen incidentes.
Ante esta situación, el Estado intenta reducir las consecuencias económicas. Macron recordó la existencia de un fondo de asistencia destinado a comerciantes y artesanos afectados por los disturbios. Por su parte, el Ayuntamiento de París decidió extender hasta finales de noviembre la autorización para utilizar terrazas temporales sin cobrar cargos adicionales.
Una noche bajo máxima vigilancia
La principal incógnita sigue siendo lo que sucederá durante la noche del sábado. Mientras las manifestaciones organizadas durante la tarde estarán sujetas a recorridos y controles específicos, las concentraciones vinculadas con Halloween representan un desafío diferente para las autoridades: no tienen necesariamente organizadores identificados, itinerarios establecidos ni portavoces responsables.
Es precisamente ese escenario el que preocupa al ministro Nuñez, quien insiste en que el riesgo de alteraciones del orden público es «muy elevado».
Entre las demandas sociales, la defensa del derecho a manifestarse, el temor de los comerciantes a nuevos saqueos y las celebraciones de Halloween, Francia afronta una jornada marcada por un amplio despliegue policial y fuertes restricciones en los espacios públicos.
El desafío del Gobierno será evitar nuevos episodios de violencia sin profundizar el conflicto con quienes denuncian limitaciones a sus libertades. Mientras tanto, comerciantes, manifestantes y fuerzas de seguridad se preparan para un sábado en el que las principales plazas y calles del país permanecerán bajo estrecha vigilancia.


















