“Me siento derrotada”, dice Soledad Miranda mientras empaca sus pertenencias en Washington. Después de casi 30 años en Estados Unidos, teme tener que regresar a El Salvador si pierde el Estatus de Protección Temporal (TPS).
Soledad llegó a Estados Unidos en 1997, cuando tenía 19 años. En 2001 obtuvo el TPS, creado para proteger temporalmente a miles de salvadoreños después de los terremotos que golpearon el país.
Durante estos años, el programa le permitió trabajar legalmente y construir una vida en Estados Unidos. Ahora, su protección está a punto de terminar.
Miles podrían perder su protección
El TPS para los salvadoreños está previsto para terminar el 9 de septiembre de 2026. Organizaciones que siguen el tema estiman que unas 170.000 personas podrían perder esta protección.
Muchas de ellas llevan más de dos décadas viviendo y trabajando en Estados Unidos. También tienen hijos, propiedades, empleos y negocios en el país.
Soledad vive con su hija de 16 años y teme que todo lo que construyó durante décadas quede atrás.
“Yo tenía ya mi vida planeada. Quería irme cuando yo quisiera, no a la fuerza”, cuenta.
Una vida construida en Estados Unidos
Otro beneficiario del TPS es Nilson Cañenguez, un empresario salvadoreño que llegó a Estados Unidos en 1999.
Comenzó trabajando en la construcción y después creó empresas de transporte, construcción y bienes raíces. Llegó a tener unos 250 empleados.
Hoy tiene hijos profesionales y dos nietos en Estados Unidos.
A pesar de haber sabido siempre que el TPS era temporal, reconoce que después de 25 años terminó sintiéndose parte del país.
“Hay un montón de incertidumbre que tenemos como familia”, dice.
Impacto en las familias y en El Salvador
El posible fin del TPS también podría afectar a miles de familias. WOLA señala que más de 150.000 niños estadounidenses tienen al menos un familiar salvadoreño protegido por el programa.
También existe preocupación por las remesas. Según WOLA, estas representan entre el 24 % y el 26 % del PIB de El Salvador, por lo que una reducción importante podría afectar a muchas familias en el país.
Para Soledad y Nilson, el futuro es incierto. Ambos se preparan para regresar a El Salvador, aunque esperaban poder decidir por sí mismos cuándo hacerlo.
Después de más de dos décadas en Estados Unidos, ahora enfrentan la posibilidad de dejar atrás la vida que construyeron












