Experto sugiere que vacunas contra tuberculosis, sarampión y poliomielitis podrían combatir la COVID-19

WASHINGTON – Mientras el mundo espera una vacuna para combatir la COVID-19, los científicos están probando si las vacunas que ya están en uso para otras enfermedades podrían proporcionar cierta protección contra los peores impactos de la enfermedad causada por el coronavirus.

Las vacunas que contienen organismos vivos pero debilitados, incluidas aquellas contra la tuberculosis, la poliomielitis y el sarampión, pueden proporcionar un impulso al sistema inmunitario que ayudaría a combatir el coronavirus.

Si bien probablemente no proporcionarían una protección tan eficaz como una vacuna especialmente diseñada para esta enfermedad, la investigación ya ha demostrado que estas vacunas ayudan a prevenir enfermedades diferentes a las que fueron diseñadas.

Estas tienen además un historial de seguridad comprobado que se remonta a décadas.

“Y no solo eso, es algo que podemos presentar casi de inmediato”, dijo Jeffrey Cirillo, director del Centro de Investigación y Imagen de Patógenos Aerotransportados de Texas A&M University.

Las instalaciones de fabricación ya están en funcionamiento, entregando cientos de millones de dosis cada año, afirmó.

Cirillo y sus colegas están probando si una vacuna llamada BCG puede ayudar a proteger a los trabajadores de salud y a los primeros en responder al COVID-19.

Más de 100 millones de niños en todo el mundo reciben la vacuna cada año para prevenir la tuberculosis.

Cuando se introdujo a principios del siglo XX, los investigadores notaron fuertes caídas en las muertes infantiles. Algunos lugares experimentaron una disminución de hasta un 50%, y no solo por tuberculosis. Las muertes por otras enfermedades también disminuyeron, especialmente las enfermedades respiratorias.

Los investigadores vieron el mismo patrón una y otra vez.

“Durante los últimos cien años, existen estas publicaciones que muestran que BCG tiene la capacidad de proteger contra una serie de infecciones virales diferentes y otras infecciones bacterianas”, dijo Cirillo.

Otros han señalado beneficios similares de las vacunas vivas contra la poliomielitis y el sarampión. En un estudio, 30% menos niños murieron después de la introducción de una vacuna contra el sarampión. Solo el 4% de esas muertes fueron por sarampión.

La Organización Mundial de la Salud aún no recomienda ninguna de estas vacunas para la COVID-19. Los suministros son limitados, señalan funcionarios de la OMS. Mientras se realizan las pruebas, desviar las vacunas de su uso previsto sin evidencia de que ayuden a prevenir COVID-19 podría terminar haciendo más mal que bien.