Ex ejecutivo farmacéutico condenado a siete años de cárcel

Martin Shkreli

Martin Shkreli testificando ante el Congreso en febrero de 2016. Tras la audiencia calicó de "imbéciles" a los legisladores que lo trataron de interrogar.

Martin Shkreli, el impetuoso ex ejecutivo farmacéutico y de fondos de cobertura, fuertemente criticado por elevar los precios de un medicamento capaz de salvar vidas solo por codicia, fue condenado el viernes a siete años de cárcel y una multa de $75.000 por defraudar a sus inversores.

La sentencia impuesta por la jueza Kiyo Matsumoto en un tribunal federal en Brooklyn, Nueva York no llegó a los 15 años pedidos por la fiscalía, pero es mucho más larga que los 12 o 18 meses a los que aspiraba la defensa de Shkreli.

Su abogado, Benjamin Brafman, dijo a los reporteros que estaba “decepcionado” por la sentencia.

Shkreli, de 34 años, apodado el “Pharma Bro”, agachó la cabeza y se atragantó al admitir sus muchos errores y pedir perdón a los inversionistas a los que defraudó. En un punto, uno de los empleados del tribunal le pasó una caja de pañuelos tissue.

Ilustración de Martin Shkreli, izquierda, junto a su abogado Ben Brafman durante la audiencia de senescencia el 9 de marzo.
Ilustración de Martin Shkreli, izquierda, junto a su abogado Ben Brafman durante la audiencia de senescencia el 9 de marzo.

No soy el mismo de antes”, aseguró Shkreli. “Puedo distinguir el bien del mal. Sé lo que significa decir la verdad y lo que significa mentir”.

“El único culpable de que esté aquí soy yo. No hay una conspiración para acabar con Martin Shkreli. Yo mismo acabé con Martin Shkreli”.

El exejecutivo trató de distanciarse así de sus declaraciones anteriores, cuando tras el veredicto condenatorio agosto pasado, dijo que su caso fue “una caza de brujas de proporciones épicas”.

La jueza insistió que el castigo no era debido a sus declaraciones rimbombantes y ofensivas o por haber subido el precio de los medicamentos, pero reconoció que su conducta luego del veredicto le hacía dudar de su sinceridad.

Shkreli se convirtió en el chico de portada de la parte voraz de la industria farmacéutica estadounidense en 2015, cuando aumentó un 5.000% el precio del Daraprim, un medicamento que antes era barato y que es usado para tratar la toxoplasmosis, una enfermedad causada por el parásito Toxoplasma gondii que puede ser fatal para los que padecen del virus del SIDA o de otros desórdenes en el sistema inmunológico.

Tras presentarse ante una audiencia sobre el precio de los medicamentos en el Congreso estadounidense y negarse a contestar las preguntas de los congresistas en base a la Quinta Enmienda, que lo protege de autoincriminarse, trató a los legisladores de “imbéciles”.

Su propio abogado confesó en algún momento haber querido pegarle un puñetazo a la cara por su petulancia, pero el viernes describió a Shkreli como un excéntrico incomprendido que usó métodos poco convencionales para enriquecer a sus defraudados inversores.

La fiscalía estuvo en total desacuerdo con esa descripción. “El señor Schkreli no es un niño”, indicó la fiscal Jacquelyn Kasulis. “No es un adolescente que necesita ser corregido. Es un hombre que necesita hacerse responsable de sus acciones”.

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